Cuba anda con pies de plomo.


                                                         El peso de una isla en el amor de un pueblo.

                                                                                                     Virgilio Piñera.

Uno se pregunta todos los días, desde una postura sicológica, antropológica y cultural, cómo los cubanos se ven a sí mismos en medio de una situación de desasosiego existencial, en el que, no obstante, hay una certidumbre confirmada por la línea gubernamental, de no dejar a nadie desamparado ante las decisiones adoptadas para paliar la crisis interna; y, también, para enfrentar las nuevas posibilidades que, a partir de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social de Partido y la Revolución, y que fueron aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, efectuado en el mes de abril del 2011, tienen vigencia actual.

En otro orden, para ningún cubano con dos dedos de frente, puede pasar inadvertido la secuencia de años vividos tras el bloqueo impuesto y mantenido contra Cuba por sucesivas administraciones norteamericanas en 53 años. Puede que la respuesta más sencilla sea, que ese bloqueo afecta al pueblo cubano en su nivel de acceder a muchas cosas materiales incluyendo también a la salud, pero que el problema a quien más afecta es al gobierno de la isla. No importa cómo se mire tal situación, o si se prefiere ser pedestre en ese análisis y asumir que no hay tanta afectación, pero de lo que no cabe dudas es que la disyuntiva existencial es palpable en la vida diaria de este pueblo y los efectos de esa política implantada por los Estados Unidos de América se convierte en un hecho cierto, y no es un slogan publicitario utilizado por las autoridades cubanas. Véase, por ejemplo, las veinte votaciones continuadas en contra del mismo en la Asamblea General de las Naciones Unidas, o si lo prefiere remítase a la última, la Asamblea Número 66 de ese órgano rector del mundo, llevada a cabo el 25 de octubre de este año, donde se condenó el bloqueo por aplastante mayoría nuevamente.

A esta situación elocuente de confrontación entre los Estados Unidos de América y Cuba, debe agregársele los horrores sufridos por el pueblo cubano a tenor de los actos vandálicos y terroristas que se realizaron y se planifican todavía contra el gobierno de la Isla. Y lo más vergonzoso es que esos actos quien más los padece es el pueblo, pues han ocasionado víctimas mortales, y no pocos afectados física y psíquicamente. Y a ese flagelo se imbrica el quebradero de cabeza con el que vive la mayoría de pueblo ante la lucha diaria por subsistir, por resolverse sus necesidades a medias aunque sea, por no tener el 40% de sus necesidades resueltas -cálculo conservador hecho por el autor de este trabajo-, y porque se ve impedido muchas veces de tener factibilidad para mejorar. De buenas a primeras, ese mismo pueblo recibió con beneplácito, pero con mucha incertidumbre y escepticismo, las medidas que los Lineamientos citados han delineado como política efectiva a seguir para salir de la inercia económica, generando una expectativa insólita y, sobre todo, a tener una imperiosa y nueva visión de la realidad nacional, que va más allá de lo vivido en 53 años. Los Lineamientos y, consecuentemente, las autoridades políticas y gubernamentales, proponen un nuevo tipo de vida, que implica cambiar la mentalidad de las personas todas; pero, en especial, de aquellos que no comprenden aún que los tiempos son otros, con prioridades existenciales y, por ende, el tiempo de esos que piensan en la fijeza y lo inalterable de acciones que sirvieron para otros momentos, hoy por hoy, son ya obsoletas; por tanto, deben comprender que llegó el fin de esa etapa. Ahora, la urgente necesidad de renovar y actualizar el proyecto socialista con nuevos aires y nuevos presupuestos, requiere avenirse a cambios sustanciales, necesita de inteligencia y trabajo, y dejar a un lado cosas que ya nadie toma en cuenta.

Esa renovación planteada en el centro mismo del proyecto socialista, implica también renovación en las estructuras que sostienen política, jurídica y económicamente el Proyecto, por tanto, se debe renovar las estructuras, reducir las cantidades de funcionarios y de las funciones anómalas que había asumido el estado. Resulta inoperante, ante los desafíos de una etapa en la que el estado y sus funcionarios deben estar preparados para encarar tareas y gestiones vinculadas a la esfera ejecutiva solamente, y no para chequeos de planes de entidades, e intervenir en aspectos ajenos a lo que es un Estado. En el mundo moderno, el estado también padece de esa y otras problemáticas para realizar su quehacer, debido a que se sometió a roles que no le competen, y porque no tomó las medidas preventivas para intentar aligerar la crisis económica y financiera que, desde el 2008 -pero proyectada y conocida desde antes- habría de comenzar a lesionar a los pueblos. Al respecto, un síntoma evidente de ese mal actuar se percibe en las constantes manifestaciones de los trabajadores, desempleados y estudiantes en el mundo, y ni qué decir, de los Indignados; pero, también, contra sus propios Estados incapaces de resolver los problemas de sus pueblos. Por ejemplo, el tema principal de la XXI Cumbre Iberoamericana de este año, efectuada a finales de octubre en Asunción, Paraguay, tenía como lema y objetivo analizar la Transformación del estado y su desarrollo, y esto indica que la crisis estatal es sistémica en el mundo también. En cuanto a nuestro país, la remodelación propuesta por las propias altas autoridades, denota que hay conciencia del desenfoque en que ha caído el Estado y lo vital que resulta su reorganización.

Pero volviendo al dilema por la sostenibilidad del proyecto socialista cubano, que tanto promueve la discusión por diferentes vías, ya sea en el marco estrecho del Partido Comunista y sus militantes, o en la esfera legislativa y gubernamental; o más ampliamente, en asambleas de obreros y vecinos, pero, particularmente, en la calle, es que nadie se explica a ciencia cierta algunas noticias que brotan al desgaire en la prensa del país. Un ejemplo, fue cuando al inaugurarse la Feria Internacional de La Habana para la actividad de inversión y comercio, se dijo que para fines de año nuestra economía crecerá en un 2,9 % como incremento del producto interno bruto. Esto llama la atención considerablemente, porque es notorio un franco deterioro de los índices visibles de la economía doméstica. Al parecer, los exámenes macroeconómicos que se llevan a cabo desde instancias superiores están fijados en un interés por revertir el orden de cómo está la cosa y crear la expectativa de vida en los ciudadanos, que los haga reflexionar con esperanzas. Sin embargo, el cubano de a pie no anda tan seguro de ello, pues la zozobra existencial ha cobrado un pequeño ápice de conciencia, aunque no presume todavía que cualquiera -o un cercano suyo, o uno mismo- puede quedar excedente o disponible en su centro de trabajo y perder su status social estable. Es decir, no se tiene conciencia plena del riesgo, de lo que esa decisión tomada por otros y ajena a su voluntad puede afectarlo como individuo, a su familia y, consiguientemente, al status económico de todos. Cierto es que la dirigencia del país ha defendido mucho que la voluntad política del estado cubano se fundamenta por mantener la justicia social y los logros obtenidos por la Revolución en ese sentido, y que nadie quedará desamparado -pero no sabemos como ciudadanos de qué manera se hará y fructificará eso-. Y esa voluntad política se expresa también en que no solo se mantendrán los niveles alcanzados en la justicia social, sino que, se persigue elevarlos, ya sea en salud y educación. No obstante, es imposible soslayar que ante esa voluntad hay una profunda crisis, que no solo es achacable al bloqueo; en 53 años, ha habido suficiente buena voluntad y suficientes errores caprichosos o decisorios, y uno de ellos fue la desfiguración de la esencia del estado en cuanto a funciones básicas. Una función deteriorada por la nueva concepción atribuida, por ejemplo, es que en vez de cumplir lo que históricamente le correspondía, su gestión se diluía en dos o tres dependencias y, por lo menos, a dos de ellas no le correspondía en la función estatal, no era de su competencia; asumía por decisión o imposición superior, y provocaba incumplimientos, trabazones y falta de gestión real en la función estatal. Esto se ha repetido por años en Cuba como una tendencia perniciosa.

Pero las reformas planteadas en los Lineamientos, tienen una perspectiva de corregir el tiro en ese sentido, y eso genera esperanza. La intención de la dirigencia actual del país, permite colegir en el análisis que se haga de su proyecto y gestión, que la voluntad política puede fluir en tanto sea bien diseñada. El problema parece sencillo, pero no lo es, pues en el máximo nivel hay interés de escuchar, pero los directivos y funcionarios intermedios están enchapados a la usanza antigua sin querer cambiar todo lo que debe ser cambiado, si tomamos en cuenta un fragmento del concepto de Revolución dado por el líder cubano, Fidel Castro, el 1 de mayo del 2000. Quizás este sea, según inferimos, donde radica el quid del problema cubano hoy día. Es decir, la falta de correspondencia entre lo propuesto en los Lineamientos como reformulación del modelo socialista y los sedimentos de un inmovilismo proveniente del Socialismo real europeo, que tanto lastró el desarrollo del Socialismo. En los medios oficiales cubanos de menor nivel jerárquico, hay un miedo al cambio porque se cree que con ello se pierde autoridad y prerrogativas que disfrutan, gracias a la desfiguración del estado cubano en los 53 años después de 1959. Y ese temor a perder rango y autoridad, es lo que provoca un estancamiento de las nuevas perspectivas de cambio para el futuro. Y esto no es un problema que puede ser observado de pasada, o mirarlo de soslayo. La compleja realidad cubana, con una economía endeble, marcada por los sobresaltos o caprichos de las relaciones internacionales, y por un deterioro sostenido en el desarrollo interno gracias a la aplicación de políticas erróneas durante muchos años, pero que nadie pudo rebatir, trajo por consecuencia un descrédito de la realidad cubana, y, como paliativo, la gente dejó de hacer lo que tenía que hacer y, entre otras cosas, algunos creyeron que era mejor buscar mejores oportunidades saliendo del país, o pidiendo a gritos ayuda económica a familiares en el exterior y a que el trabajo no fuera la fuente para obtener un dividendo. Por otro lado, la falta de oxigenación en la vida diaria, en lo consensual, en lo jurídico, en lo económico, y en lo social; mermó las relaciones entre los ciudadanos y cohibió a todos a tener posibilidades de desarrollo, a pesar de lo que estipulan los Lineamientos como borrón y cuenta nueva. Es obvio que ese recelo se muestre así. Nadie puede entender que un documento produzca un giro, no ya de 180 grados, sino de 360. Y nadie lo puede entender tan fácilmente, porque también los Lineamientos frenan, en parte, opciones más atractivas de desarrollo. No obstante, al analizarlo, uno puede considerar que hoy día, en la sociedad cubana que vivimos, con el mismo proyecto social y gobierno, es la vía más expedita para iniciar un reacomodo de las cargas obsoletas venidas de los errores cometidos por decisores que creyeron en esos errores como soluciones posibles. Y, en otro orden, esa carga a la que aludimos -y que se hizo ver como errores de todos, aunque no fuera así, pero se nos imponía por obra y gracia del tutelaje del estado, no puede echarse a un costado y comenzar a andar de nuevo, así de porque sí, sencillamente. Los cubanos somos dueños de nuestros actos, y de nuestros éxitos y errores, por tanto, tiene que haber un grado de responsabilidad social e individual en eso, no es para aislarse o excusarse de emitir sus opiniones, pero si al ciudadano común no se le toma en cuenta, entonces, tampoco se le podrá exigir que cumpla en parte con los criterios de otro u otros.

Hay que buscar un consenso de lo que haremos a partir de una confrontación de ideas, y que los Lineamientos propugnan, porque el estado a pesar de tener la suya propia, debe escuchar y aplicar otras también. Sobre ese particular habló el presidente Raúl Castro, en el periodo de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en agosto del 2011, cuando reiteró la necesidad de escuchar a todos. Pero no solo hay que escuchar, no basta con eso, hay que probar en la práctica, en el terreno, lo que dicen o proponen otros. En esa diversa problemática de un pueblo y un país, que buscan salir adelante pese a todo, se debaten los cubanos entre medidas anti-crisis que sin prisa, pero sin pausa, según expresó el presidente Raúl Castro, se van introduciendo en el acontecer socio-económico nacional como posibles soluciones. El propósito gubernamental quiere evitar improvisaciones para no errar el tiro. La experiencia nos ha llevado a pensar a veces escépticamente que el enemigo común está entretenido, y hemos improvisado muchísimo, en especial en lo económico y lo social. Por eso la dirección del país persigue dar pasos cortos, pero seguros, y muestra la urgencia de establecer una correlación de fuerzas en las que las ideas predominen. Esto es válido, pero como apuntamos antes, se requiere de diálogo y de un debate teórico serio, sin atrincheramiento ni presunciones de traición, sin acusaciones contra los que no piensan igual a cómo debe dársele curso al modelo que se quiere implantar, en particular, a las medidas y su llamada implementación. Si ese paso no se da, no habrá nunca consenso. Habrá, sí, acatamiento, pero eso no es consenso.

Los cambios de la economía cubana han comenzado. La función del estado es de facilitador, de establecer normas jurídicas para evitar fraude y corrupción, y controlar el fisco, pero nunca como gestor económico. Y eso no implicaría renunciar en el modelo socialista, sino poner en orden las cosas y que cada cual haga lo que debe hacer. El control es bueno y necesario, pero no es una opción prioritaria para demostrar que solo con él y con juicios penales o depuraciones se resolverán las cosas. Se necesita producir más y con facilidades de intercambio y tener mejores servicios para la población, y que haya incentivos para vivir. Eso es lo que da desarrollo. Por eso decimos que Cuba anda con pies de plomo, lento en sus cambios, pero con la mirada puesta en apostar por un verdadero desarrollo, según creemos.

Jorge Santos Caballero.

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Una exposición en la UNEAC, de mujeres camagüeyanas, que hace época

Foto Lázaro David Najarro Pujol

El arte nos descubre siempre. ¡Y si son mujeres más!. Esta exposición corrobora, entonces, este aserto. La quinta versión del proyecto ¡Aquí! = ¿arte contemporáneo?, inaugurada el viernes 14 de octubre del 2011, a las 5:00 p.m, en la sede de la UNEAC de Camagüey, se honra en presentar obras de seis mujeres creadoras, quienes desde sus vivencias, ópticas y presupuestos estéticos dan fe de cuál es su responsabilidad intelectual en un momento en que el Capitalismo en crisis  -no concluyente, pero sí en una de sus etapas cíclicas- hace cada vez más daño e incide en todo el mundo de una manera u otra; o cuando se puede apreciar cómo la naturaleza se encuentra sometida a un gran deterioro, y el calentamiento global crece y hace estragos por días; o lo que ha seguido como moda, las guerras que asesinan pueblos. En fin, estas artistas han coincidido en advertir lo que ocurre según su visión de los problemas, y por eso construyen su propia escenografía.

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Lo real y lo imaginario en última versión del proyecto expositivo ¡Aquí! = ¿Arte contemporáneo V?

Texto y foto: Lázaro David Najarro Pujol

Galería de foto en facebook: La quinta y última versión del proyecto expositivo  ¡Aquí! = ¿Arte contemporáneo? que honra la obra de seis creadoras de la provincia, está abierta al público hasta el mes de noviembre próximo, en la  galería Julián Morales de la filial camagüeyana de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Leer el resto de esta entrada »

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Proyecto de reflexión y debate Pluralidades cinco años en función del desarrollo de la cultura cubana

Texto y foto Lázaro David Najarro Pujol

“Una cosa es la cultura del diálogo y otra la cultura del debate, que admite que la  verdad solo es posible descubrirla entre todos, y que las jerarquías no las imponen las personas con su autoridad o cargo que ocupan, sino con la calidad de los argumentos que  expongan y discutan las partes”. Leer el resto de esta entrada »

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Datos del autor Jorge Santos Caballero. Camaguey, 1950.

Ensayista, crítico, periodista y profesor universitario. Máster en Cultura Latinoamericana. Ha publicado libros de ensayos: Los Confines del Hacedor (Editorial Ácana, 2009), Rosa: voz y actitud (Editorial Ácana ,2007); Desafíos en Clausuro (Ediciones Vitral, 2006) y En la otra esquina del ring (Coedición de las editoriales Sanlope, de Las Tunas, y Ácana, de Camagüey, 2004. Leer el resto de esta entrada »

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Una nueva exposición en la Galería Ateneo de Camagüey

La exposición de Ricardo Bermúdez, titulada “El Quijote y sus musas”,  e inagurada en el espacio galerístico de la librería Viet Nam-Ateneo,  el sábado 22 de octubre del 2011, presenta el atractivo de evidenciar dos ámbitos temáticos en su trabajo artístico. Por un lado, lo exuberante de su cromatismo y, en otro orden, la racionalidad en sentido de la figuración. Con esas premisas inherentes en Bermúdez, se nos muestra ahora con dos tipos de modelos: un Quijote cubanizado, y unas musas –nada Dulcineas- que son, a todas luces la mujer de hoy en nuestro medio. Leer el resto de esta entrada »

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Un espacio creado para debatir

Foto: Lázaro David Najarro Pujol

Cuando el pasado martes 11 de octubre, a las cinco de la tarde, en la sede de la UNEACde Camagüey, nos reunimos cerca de cincuenta personas para llevar a cabo el espacio Pluralidades: debates teóricos, que dirijo y conduzco desde su creación en el año 2006, no podían imaginar muchos de los allí presentes lo que un proyecto así entraña de responsabilidad. Leer el resto de esta entrada »

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